Especialmente para los niños que no
cuentan con las redes de seguridad que vienen con los privilegios de clase y de
la riqueza.
En su forma más básica, la determinación es un rasgo del carácter que da a los
niños el impulso que necesitan para trabajar,
hacer un esfuerzo adicional y aguantar hasta el final cuando todas las apuestas
están en su contra. A esta se incorporan las habilidades socio-emocionales como
la motivación, la perseverancia, la responsabilidad, el conocimiento de sí
mismo, las cuales pueden ser enseñadas, aprendidas, practicadas, afinadas y
aplicadas.
La determinación permite a las personas perseguir objetivos
particularmente difíciles durante años y hasta décadas. Es diferente del
autocontrol, el cual opera a una escala de tiempo menor porque permite luchar
en contra de las tentaciones y los deseos que traen placer y, luego,
remordimiento. La determinación predice de manera confiable quién
prevalece cuando las cosas se ponen difíciles. Difícil puede ser desde
sobrevivir una inducción como cadete en la academia militar, clasificar a la
final de una olimpíada de matemáticas, llegar a la última ronda de un concurso
de ortografía o ser el primero de la familia en graduarse de la
universidad.
La determinación es universal. No obedece a ninguna
credencial, ideología ni barrera moral o ética. Sin embargo, en la práctica,
los intentos de enseñar determinación a menudo chocan con estas restricciones.
Las tendencias políticas y/o religiosas, los valores, las virtudes y
cualquier otra dualidad que defina categóricamente nuestra esencia como bueno o
malo, fuerte o débil, merece o no-merece, entre otras, secuestran a la
determinación.
Al ayudar a los niños a adquirir la determinación que necesitan para tener éxito, es
importante ser orientados hacia el futuro, pero aterrizados en la realidad. Hay
que mostrarles que alcanzar metas nunca es un camino recto y estrecho. Los
obstáculos vienen en todas formas y tamaños. Por eso, los niños y niñas deben
ser capaces de verlos y de crear estrategias para superarlos.
Crear un conjunto de reglas en el formato
de “si hago esto, entonces esto ocurrirá” les permitirá enfrentar los problemas
cuando estos los acechen. Por ejemplo, si hago la tarea, entonces puedo ver la
televisión. Al hacer esto, utilizamos la corteza prefrontal del cerebro – justo
esa área que contrarresta las partes más reflexivas y promotoras del apetito.
Visto desde esta perspectiva, el bagaje ideológico desaparece y las virtudes no
son más que hábitos que al momento de actuar de manera “buena” es la opción por
defecto a tomar.
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